Filmada en la Isla del Sol del lago Titicaca, a casi 4,000 metros de altura, esta obra inicia el trabajo de Jorge Sanjinés en el cine de largometraje.
Una alegoría sobre la reivindicación del poder y la soberanía indígena. El drama, desatado por la violación y muerte de la esposa del campesino aymara Andrés Mayta, en manos del mestizo Ramos, culmina después de un año de paciente y calculada espera, en el día de la venganza.
Sin embargo, no se trata de un acto visceral, sino en un duelo a muerte en el que el indio desafía al asesino a una lucha cuerpo a cuerpo. Mayta, que representa a su pueblo y raza sojuzgadas, cuyo destino histórico siempre estuvo en manos de los colonizadores y sus descendientes, invierte los papeles y es él quién impone las reglas del juego, desafiando al mestizo a construir su propio futuro si sobrevive al duelo.
Distinguida en el Festival Internacional de Cannes, Francia, con el Premio "Grandes Jóvenes Directores", ha obtenido el Premio de la Crítica en el Festival de Locarno, Suiza y el Primer Premio en el Encuentro de Cine Latinoamericano celebrado en Mérida, Venezuela.
"GRANDES JÓVENES DIRECTORES" en el XX Festival Internacional del filme de Cannes. Francia, 1967.
Comentario del Jurado presidido por el historiador y crítico de cine GEORGES SADOUL: "El Premio se otorgó para saludar la forma rigurosa y enérgica con la cual un cineasta de un país cinematográficamente nuevo, a través de un drama personal, expresa los conflictos sociales en un lenguaje que concierne a la humanidad entera."
Primer Premio ex-aequo en el 1er. Festival Latinoamericano de Cine de Mérida. Venezuela, 1968.
Premio Flaherty - 1968
En 1966: Seleccionada entre las nueve mejores películas producidas en el mundo.
UKAMAU no se parece a nada de lo que nosotros conocemos. Es una obra extrañamente bella y sutilmente poética donde el exotismo de la imagen y de la música juegan el simple rol de un apoyo documental que nutre las raíces de una obra que se desarrolla y asombra con una total y soberbia libertad.
La fineza de la observación psicológica y la justeza de tono, aliadas a sus incontestables cualidades plásticas denotan un cineasta poderoso que domina su oficio.
Sólo este filme justifica el viaje a cualquier festival cinematográfico.
Visualmente la película alcanza una gran eficacia en la integración severa del paisaje al mundo de los hombres y estos a su vez son presentados, a pesar de la gran belleza plástica de sus figuras y de sus rostros, en toda su realidad carnal, sin concesiones. La ausencia de retórica, de fáciles simbolismos y de un esquematismo ideológico que impusiera soluciones falsas le confiere a UKAMAU un alto grado de realismo.
Todo UKAMAU es un tiempo de espera, como un drama de Esquilo, con la profunda taciturnidad del campesino, que parece expresarse solo a través de su "quena" (instrumento musical de viento andino). El final llega implacablemente, con la frialdad de lo largamente rumiado; con una violencia estilizada dando a la lucha una palpitación plena de sentido. En una línea espiritual y plástica comparable a las de Dreyer o Bresson, UKAMAU es un filme lleno de verdad y autenticidad.
Una obra maestra, no sólo por su realización, sino de concepto es UKAMAU. El guión trabaja figuras esenciales de la imaginación simbólica indígena. No es casual que la pareja cuya vida es perturbada por el crimen sea originaria de la Isla del Sol: a su manera son Mama Ocllo y Manco Kapaj, fundadores mitológicos del Imperio de los Incas.